Inventemos nosotros


Inventemos nosotros

La historia de la investigación y la innovación en España parece seguir lastrada por el “que inventen ellos”, la vieja y quijotesca frase con la que Miguel de Unamuno rechazaba el europeísmo y se aferraba a las rancias esencias hispanas. Ese arrogante desprecio a ir por delante en investigación e innovación sigue dejando rastros más que evidentes a día de hoy.

El informe de evaluación del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación (PCTI) de Asturias, finalizado en 2009 y publicado en fechas recientes, confirma que el Principado hace esfuerzos pero no los suficientes. El gasto en I+D sobre el PIB regional era en 2007 del 0,93 por ciento, un 0,35% menos que la media nacional, la mitad que el Reino Unido, tres veces menos que Estados Unidos y cuatro veces menos que Suecia. Y la media de Asturias está, además, por debajo de la España, un país que, según este mismo informe,se encuentra por debajo de los indicadores medios de la Unión Europea (UE).

«De los treinta países que componen la OCDE, Asturias, en materia de I+D sobre el PIB, tan sólo está por encima de cinco economías: Turquía, Grecia, Polonia, Eslovaquia y México», señala el informe de evaluación. En investigación y desarrollo, Asturias avanza, pero a velocidades y niveles que parecen muy discretos. Entre 2000 y 2007 la evolución del esfuerzo asturiano sobre el PIB regional fue del 0,11%, diez veces menos que Corea, siete veces menos que Singapur y cinco veces menos que China.

Unamuno parece estar en plena vigencia, aunque no del todo. En Asturias hay también empresas, y cada vez más, que ponen la innovación entre las prioridades de su gestión diaria. El Club Asturiano de la Innovación reúne ya a dos centenares de ellas y se esfuerza por divulgar una cultura de la innovación cuya base es simple: si no innovamos no progresaremos, o solamente progresaremos a expensas de las innovaciones de otros. Si dejamos “que inventen ellos” aportaremos poco valor, seremos mercados y empresas prescindibles, fácilmente sustituibles. En resumen, nos costará más salir adelante.

Así que hay que ponerse manos a la obra. Innovar no es una moda, no es un “adorno” estético para nuestras empresas. Innovar es una necesidad apremiante, existen grandes expertos españoles con capacidad para aportar ideas al respecto. Hay que superar la maldición unamuniana y, de paso, la cultura del “pelotazo” que puso bajo sospecha cualquier apoyo político o público a pesar de ser un elemento clave de impulso para que las empresas privadas puedan innovar. Sin la intervención pública y su apoyo decidido podríamos decir que no habría apenas innovación en Asturias. No olvidemos que la mayor parte de la inversión en innovación está en el sector público. Son muy pocas las empresas que acometen este tipo de inversiones sin ayudas públicas significativas. En suma y como primera conclusión, directa o indirectamente son los fondos públicos los que están impulsando verdaderamente la innovación. La Administración tiene un papel de gran importancia.

Tal vez Unamuno quería decir, en realidad, “que arriesguen ellos” porque innovar es arriesgar y, en la mayoría de los casos, saltar sin red. La innovación no siempre tiene éxito. A veces la idea de la que se parte es tan atractiva como inviable, no es rentable, su desarrollo choca con las resistencias de las empresas o de los mercados, contra los propios hábitos de trabajo de la empresa que quiere desarrollarla,finalmente se demuestra que no sirve para lo que se pretendía, o no se acierta a vencer las resistencias al cambio de hábitos, las barreras regulatorias,.. Hay muchos factores que vencer. Es indudable que innovar supone arriesgar, por eso las dudas y las resistencias son grandes

Pero ¿se innova? ¿ se arriesga? Sin duda. Los casos que conocemos a través del Club Asturiano de la Innovación demuestran que merece la pena correr el riesgo y cada vez son más las empresas que se asoman a esta realidad, que dedican una parte de sus recursos a probar suerte con ideas y proyectos de todos los contenidos y tamaños.

En el caso del Grupo ISASTUR, el que mejor conozco, estamos reinvirtiendo en innovación todo lo que retornamos por la actividad del departamento de I+D, que también trabaja para empresas fuera del Grupo. De esta forma, y contando con las ayudas públicas, sí podemos decir que rentabilizamos la innovación, salvo aquellas inversiones en innovación que no se hacen con ánimo de lucro. Proyectos como REDES2025, en el desarrollo de las redes eléctricas del futuro en España, o nuestra participación en el proyecto europeo ENERSIP para la gestión de la eficiencia energética en edificios con micro generación, son algunas de nuestras aportaciones. Y en esa línea vamos a seguir sabiendo que no siempre estaremos acompañados por el éxito.

Vamos a las conclusiones. ¿En qué quedamos, pues? ¿Qué inventen ellos o lo hacemos nosotros? La respuesta es clara: ellos y nosotros. A pesar de los riesgos y de los desvelos, en Asturias podemos y debemos innovar. Tenemos base, empresas y buenos profesionales. No se puede llegar a otra conclusión si de verdad queremos dar un giro serio a la actividad económica del Principado. Podemos elevar nuestro nivel en cantidad y en calidad. Sabemos cómo hacerlo y hay empresas que ya están en ello. Otra cosa es que tengamos paciencia, que asumamos que habrá varias velocidades en este proceso, que debemos buscar la cooperación con el sector público, que hay que viajar, aprender cosas nuevas y correr riesgos. En definitiva, inventar y cultivar nuestra propia cultura innovadora en Asturias. Contamos con medios y herramientas. Vamos a intentarlo: inventemos nosotros.